¿Más unidos o más aislados? ¿Cómo sustraerse al hechizo tecnológico?

Por Maria Dolores

La tecnología no es buena ni mala. Es un elemento neutro que llega a nuestras vidas para facilitar procesos, mejorar los sistemas de todo tipo y , supuesta-mente, aumentar la calidad de vida de los seres humanos. Somos nosotros, precisamente, quienes la convertimos en nuestra salvación o nuestra perdición.

La comunicación es el proceso que más afectado se ha visto por la paradoja tecnológica. Cuanto más ha crecido la oferta técnica para comunicarnos, más aislados y solitarios nos hemos vuelto. Las nuevas generaciones se educan y crecen abrigadas por toda clase de artefactos hechos para comunicarse más y mejor con los demás; pero la realidad es que vemos a los jóvenes –y a los niños- cada vez más aislados de su entorno familiar, social y cultural porque están sumergidos en la avalancha tecnológica que los encarcela haciéndoles creer, por el contrario, que nunca han sido más libres, ni han tenido horizontes más amplios.

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   El celular, el blackberry, la Internet, las redes sociales, los i-pods, los juegos electrónicos portátiles y demás inventos de última hora aíslan a los individuos y solo les permiten interactuar virtualmente. Los chicos son unos ases emitiendo signos, ruidos y gestos a un receptor invisible que responde en el mismo código pero al que jamás se le mira a los ojos: única forma de verificar la realidad del contenido y las emociones que lo acompañan. Única forma de tratarnos humanamente.

No es fácil en esta época sustraerse al hechizo tecnológico , y mucho menos impedir que la gente a nuestro alrededor prescinda de estos artilugios. Eso sería nadar contra la corriente, y no serviría de nada. Su poder es muy superior a la capacidad de dominar su influencia. Pero sí podemos aclarar los términos de su uso para evitar que se apoderen de la vida de todos.

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En los ambientes familiares debe acordarse un horario que permita limitar el uso de la tecnología. Hay tiempo para todo, y el más importante es el que le dedicamos a compartir con los seres queridos. Padres, hijos, abuelos, nietos pueden encontrar un espacio para hablar, contarse cosas, y tener el contacto físico indispensable para que fluya la vida real y no la virtual.

Los adolescentes necesariamente requieren de una vida social presente, en el aquí y el ahora que los forme para la interacción verdadera. Esa interacción donde se modelan los valores cara a cara. Donde se aprende a decir la verdad aunque duela, a ser valiente defendiendo ideas, a argumentar frontalmente, a recibir críticas, a hacer juicios de valor….teniendo delante a los demás. Eso genera fortaleza y promueve la honestidad.

Hay que saber que el dueño de la tecnología es el hombre. Que ella se comporta como él quiere que se comporte. Que está a su servicio y no somos sus esclavos. Probemos a apagar el celular un día entero. A no encender la computadora, a dejar de ver TV una noche. La experiencia nos dirá qué tan adictos nos hemos vuelto y qué correctivos debemos aplicar para no convertirnos en máquinas manejadas por máquinas.

2da Edición de Aldea Educativa Magazine

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